| SARAMPION (Morbilli) | CIE-9 055; CIE-10 B05 |
1. Descripción
2. Agente Infeccioso
3. Distribución
4. Reservorio
5. Modo de transmisión
6. Período de incubación
7. Período de transmisibilidad
8. Susceptibilidad y resistencia
9. Método de Control
El diagnóstico suele basarse en datos clínicos y epidemiológicos, aunque se prefiere la confirmación por el laboratorio. Puede confirmarse por la presencia de anticuerpos IgM específicos contra el sarampión, o un aumento significativo de las concentraciones de anticuerpos entre los sueros obtenidos en la fase aguda y la de convalecencia. Las técnicas menos utilizadas incluyen la identificación del antígeno vírico en material obtenido por escobilladura de la mucosa nasofaríngea, empleando la técnica de anticuerpos fluorescentes, o el aislamiento del virus en cultivo celular de muestras de sangre, conjuntiva, nasofaringe u orina obtenidas antes del tercer día de la erupción.
En los Estados Unidos, se observó un aumento notable en la incidencia del sarampión en el período de 1989 a 1991. La mayoría de los casos se presentó en niños no inmunizados, de los cuales casi 25% fueron lactantes menores de 15 meses de edad (la edad que se recomendaba anteriormente para la inmunización). Los preescolares no inmunizados, de los barrios pobres de las grandes ciudades constituyeron un grupo afectado en forma importante por dicha epidemia. También hubo casos entre niños no vacunados, y otros como consecuencia de la ineficacia de la vacuna entre escolares vacunados muy tardíamente (incluidos los estudiantes secundarios y universitarios). Se han observado brotes sostenidos en grupos de escolares vacunados entre el 2 y el 5% que no mostraron seroconversión después de recibir una dosis de vacuna; en un caso, se corroboró que había disminuido la inmunidad posvacunal. En climas templados, el sarampión surge más bien a finales del invierno y comienzos de la primavera.
Los niños nacidos de madres que han tenido la enfermedad son inmunes durante los primeros 6 a 9 meses de vida o más, según la cantidad de anticuerpos residuales que la madre haya tenido en el momento de embarazarse y la rapidez de degradación de dichas inmunoglobulina. Los anticuerpos maternos interfieren en la respuesta a la vacuna. La vacunación a los 15 meses de edad produjo inmunidad en 95 a 98% de los niños vacunados; la revacunación puede aumentar los niveles de inmunidad y hacer que lleguen al 99%.
Los hijos de madres con inmunidad inducida por la vacuna reciben menos anticuerpos pasivos y pueden volverse susceptibles al sarampión y necesitar vacuna antisarampionosa a edad más temprana.
Aproximadamente de 5 a 15% de las personas no inmunes a quienes se administre la vacuna
pueden sufrir malestar generalizado, fiebre de 39,4 C (103 F) de 5 a 12 días después de la va-
cunación; estos síntomas duran de 1 a 2 días y dejan muy poca incapacidad. A veces se obser-
van erupciones cutáneas, coriza, tos mínima y manchas de Koplik. En contadas ocasiones sur-
gen convulsiones por fiebre que no dejan secuelas; la mayor incidencia se observa en niños con
antecedete de tales reacciones o que tienen algún familiar muy cercano (padres o hermanos)
que las haya sufrido. Se han notificado encefalitis y encefalopatía después de la aplicación de la
vacuna antisarampionosa (aproximadamente de 1 a 3 casos por millón de dosis distribuidas).
En varios brotes recientes en los EstadosUnidos en que se observó que más de la mitad de los
casos correspondieron a niños de 5 a 19 años de edad inmunizados apropiadamente, la inefica-
cia primaria de la vacuna posiblemente constituyó la razón principal de tales brotes.
Para reducir el número de casos de ineficacia de la vacuna, actualmente se recomienda aplicar
en forma sistemática dos dosis. La primera se administrará entre los 12 y los 15 meses de edad
o tan pronto sea posible a partir de esa fecha, y la segunda dosis, cuando el niño inicia su ciclo
escolar (de 4 a 6 años de edad), como lo recomienda el Comité Consultor de Prácticas de In -
munización (CCPI), aunque algunas autoridades locales han preferido administrar la segunda
dosis en otras fechas, como el ingreso a la escuela secundaria o preparatoria.
Las dos dosis por lo general debe administrarse en combinación con las vacunas contra la pa -
rotiditis y la rubéola (MMR).
La inmunización sistemática con MMR a los 12 meses de edad es particularmente importante
en zonas en que están presentándose casos de sarampión. Durante brotes en la comunidad,
puede adelantarse la inmunización a niños de 6 a 11 meses de edad, y para ello recomendar
vacuna antisarampionosa monovalente. Después se administra una segunda dosis de la vacuna
en la forma de MMR entre los 12 y 15 meses de edad, y una tercera dosis al iniciar el ciclo es-
colar.
En otros países se han recomendado fechas y esquemas distintos de vacunación; por ejemplo,
en el Canadá se recomienda aplicar una sola dosis tan pronto sea posible después del primer
año de vida. Estudios hechos en Africa y en América Latina indican que la edad óptima para
la vacunación en los países en desarrollo depende de la persistencia de los anticuerpos mater-
nos en el niño y el mayor riesgo de exposición al sarampión a edad más temprana. Salvo que
exista alguna contraindicación, la inmunización en esos países debe llevarse a cabo a partir de
los 9 meses de edad en cuaquier ocasión en que haya contacto entre el personal de salud y el
niño no inmunizado.
Las campañas de inmunización masiva contra el sarampión deben planearse en los medios si-
guientes: zonas y distritos urbanos con elevada incidencia de sarampión; países con zonas en
que la cifra de aplicación y protección con vacuna antisarampionosa es inferior a 80%; países
en que se realizan campañas masivas antipoliomielíticas y aquellos que tienen como meta elimi-
nar el sarampión.
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