El personal de la salud, tanto profesional como voluntario, trabaja frecuentemente
con personas que experimentan graves traumas y crisis personales. Estos pueden
variar desde enfermedades crónicas, incapacidades y traumas agudos, hasta
enfermedades psiquiátricas mayores y enfermedades terminales.
Mientras que la respuesta emocional de los trabajadores de la salud a tales
circunstancias es un aspecto importante de su motivación para aliviar la pena y
brindar una adecuada atención, puede ocurrir una recarga traumática, debida a
la confrontación repetida y dolorosa con el sufrimiento humano y la muerte. Este
aspecto ha recibido cierta atención por parte de algunos grupos de profesionales
(Hay & Oken, 1972; Pilowski & O'sullivan, 1989; Firth Cozens, 1987) y es de
creciente preocupación en el desarrollo de los servicios voluntarios y caseros de
atención médica (Wells & Jorm, 1987; Morris et al, 1988).
Tal recarga traumática y la ansiedad asociada a la cercana interacción con
personas en desgracia puede desembocar en determinadas conductas y
respuestas emocionales en quienes brindan cuidados médicos, las cuales pueden
tener implicaciones en su capacidad para hacerlo de una forma adecuada, sobre
su bienestar emocional y su vida particular. Mientras que la angustia se suscita
a nivel individual, algunas organizaciones han desarrollado modelos que reflejan
las ansiedades del grupo de trabajadores y que afectan la habilidad del servicio
para realizar las labores requeridas (De Board, 1978).
Por esta razón, es importante que, para el bienestar del personal, la calidad de
la atención y la función integral de nuestros centros de salud se examinen estos
factores.
Los aspectos estresantes en la atención médica pueden considerarse bajo las
siguientes premisas: en primer lugar, las formas específicas generalmente
encontradas en algunas enfermedades; en segundo lugar, las labores
desarrolladas por los trabajadores de la salud; y, en último, las clases de
relajación que se establecen entre el trabajador y el paciente. A continuación se
discutirán estos factores, el proceso de ajuste psicológico del personal de
atención médica y las medidas para prevenir y/o reducir el riesgo de problemas
serios dentro de este gremio.
La impotencia para contrarrestar el progreso inexorable de enfermedades
malignas o de enfermedades como el SIDA y el mal de Alzheimer, junto a otras
enfermedades crónicas y debilitantes que afectan a la comunidad y abundan en
los hospitales, puede provocar sentimientos muy arraigados de imposibilidad y
desesperanza terapéuticas.
Igualmente, desórdenes como el alcoholismo y el intento de suicidio pueden
provocar una fuerte reacción en el personal de la salud, aceptándolos como
enfermedades "autoimpuestas".
Algunas enfermedades pueden desgastar las capacidades y funciones
consideradas como esencia de la personalidad. Las enfermeras y otros
trabajadores de la salud son testigos de este decaimiento progresivo en pacientes
con demencia o con delirios. La empatía e identificación con el paciente puede
llegar a ser difícil de mantener. Si bien hay muchos ejemplos de enfermedades
específicas y de los problemas que representen para el personal de la salud, un
análisis de varíos casos relacionados con el SIDA y la infección HIV, puede ser
ilustrativo.
La infección HIV y el SIDA tienen mucha probabilidad de ofrecer una experiencia
compleja y estresante para el personal de atención médica (Ross & Serger,
1988).
Una enfermedad que causa el deterioro progresivo y la muerte, principalmente
entre la gente joven. Ante esto, el trabajador puede enfrentar con temor la
enfermedad y su posibilidad de contagio (Herbert, at al, 1988); siendo también
poco alentadora la respuesta que pueda obtener de sus compañeros y,
especialmente, de los miembros de su familia.
Las actitudes ambivalentes presentes en la sociedad también se pueden reflejar
en el trabajador. Además del temor a la enfermedad, se pueden crear prejuicios
con relación a los grupos afectados y a la valoración por personas ya señaladas,
bien sea por su conducta sexual o el uso de drogas intravenosas (Kelly, J. et al,
1987). El constante enfrentamiento con la muerte, así como las alteraciones
emocionales y comportamentales que pueden encerrar los aspectos
neuropsiquiátricos de esta enfermedad, probablemente sean penoso para el
personal médico (Ross & Seeger, 1988, Raske, 1988).
Los enfermos de SIDA pueden ser contemporáneos de sus seres queridos o de
estrato socio-demográfico similar, por lo cual, durante la declinación y muerte o
la de sus allegados. La razón de ser: es una forma de morir cuya crisis es nueva
para la sociedad y sus sistemas de salud.
La clasificación de conocimiento y habilidades por áreas es necesaria para
suministrar apropiadamente atención especializada y para hacerse cargo de las
múltiples laborales a desarrollar (por ejemplo; revisión y examen médico,
enfermería, terapia ocupacional).
Un elemento importante en estas labores es la confianza implícita que se da en
el cuidado del paciente. La intimidad se convierte en un aspecto fundamental de
esta confianza. Como paciente, a una persona frecuentemente se le solicita pasar
por un examen físico, discutir acerca de muchos aspectos de su vida privada y
permitir procedimientos o investigaciones que pueden resultarle vergonzosas e
invasoras de su intimidad.
Aquí, tal vez, el estrés del personal médico es menos susceptible de ser
identificado. Las exigencias para la toma de decisiones que afectan el bienestar
de otros en medio de las muchas incertidumbres que rodean la práctica médica;
el manejo de aspectos difíciles, dolorosos o vergonzosos para los pacientes; y el
ser receptor de la confianza del paciente e información suya, son algunos de los
estresores encontrados en el desarrollo de sus funciones.
En las enfermeras, las labores íntimas del cuidado diario del paciente, pueden
crearle un fuerte lazo de unión, pero también pueden generar sentimientos
contrarios que afecten su normal desarrollo; por ejemplo, vergüenza o, aún,
repulsión a hacerlo.
Hay ciertas labores en las que se pueden presentar conflictos entre el tratamiento
y el cuidado. La orden de "no resucitación" muy común en los hospitales, algunas
veces refleja la desesperanza del personal. Este factor ha llegado a ser
especialmente estresante entre médicos enfermeras encargados de la atención
a pacientes con SIDA (Shulmann & Mantell,1988).
En otras circunstancias, por ejemplo en la curación de quemados, la
administración de quimioterapia citolóxica a pacientes con enfermedades
malignas, el personal se ve en un dilema, al aparecer como los que inflingen el
sufrimiento, a través del tratamiento.
Los beneficios a largo plazo del tratamiento son difíciles de conciliar con las
reacciones inmediatas del paciente, de dolor y sufrimiento.
Quienes trabajan en el cuidado de la salud también se enfrentan a las variadas
y complejas reacciones de los pacientes, sus familiares y seres queridos,
causadas por el estrés de la enfermedad y el trauma. Las relaciones con el
paciente y con sus familiares pueden producir una evaluación a fondo - y al
mismo tiempo pena - de sí mismo. El dolor de una madre por su niño enfermo,
la pérdida del cónyuge son situaciones penosas de observar. En tales
circunstancias, es muy común escuchar frases como "No sé cómo lo habría
manejado si me hubiera pasado a mí".
El personal de la salud, particularmente el de los hospitales o el que trata con
pacientes terminales, llega a intimar con la muerte, a través de la vida de otras
personas. Dichas experiencias pueden ser difíciles de compartir fuera del trabajo,
con el cónyuge o la familia, en especial para médicos, enfermeras y demás
testigos de aspectos de la vida humana, a los cuales otras personas no están
expuestos; por ejemplo, observar un cadáver, ser testigos de un desfiguramiento
traumático o de un grave deterioro físico.
Esta intimidad con la muerte y el sufrimiento pueden provocar también una
evaluación de su vida y los nexos que lo atan a ella, proceso tensionante en
muchas personas.
Probablemente la única forma de establecer un vínculo entre el personal de
atención médica y el paciente, sea la capacidad para descubrir su confianza y
responder a ella con una atención sensitiva, competente a compasiva. Sobre el
vínculo establecido, cualquiera de los dos puede responder inapropiadamente,
si están influenciados por experiencias importantes y significativas ocurridas en
el pasado. Por ejemplo, un paciente que ha tenido relaciones poco satisfactorias
con personas de mayor autoridad o que han cuidado de él en anteriores
inconscientemente revivir las dificultades del pasado y ocasionar problemas a
largo plazo con el personal que lo atiende.
Tales problemas se expresan, por parte del paciente, como sentimientos confusos
hacia el personal, exagerado enfado, dependencia o necesidad de mantener un
control excesivo en la relación. De igual manera, el personal aporta a esta
relación un cúmulo importante de experiencias como otros pacientes que,
inconscientemente, influyen en su forma de acercarse a los nuevos pacientes.
Esto se debe principalmente a la gran carga emocional presente en todos los
aspectos de su trabajo.
Un trabajador puede tener dificultades particulares con ciertos pacientes que
otros no experimentan o verse más involucrados con unos que con otros. Algunos
pacientes o trabajadores pueden desarrollar sentimientos más fuertes cuando
empiezan a mostrarse a sí mismos o sus circunstancias, lo que puede coincidir
con debilidades ya manifestadas en relaciones pasadas del mismo tipo.
En muchos servicios hospitalarios, el gran número de pacientes manejados y su
alta rotación (frecuentes admisiones y salidas) tienden a romper la continuidad
del cuidado y el nivel de satisfacción para quien lo proporciona. La atención se
ve interrumpida y el personal puede no tener la oportunidad de observar al
paciente desenvolviéndose como una persona útil en la sociedad, un paso que
le ayudaría considerablemente a desarrollar una apreciación más satisfactoria de
la humanidad de sus pacientes.
Estas situaciones se presentan especialmente en unidades especializadas, tales
como Cuidados Intensivos o Coronarios, en las cuales se suministran cuidados
breves y, con frecuencia, altamente técnico. Estos factores contribuyen a la
insatisfacción en el trabajo y al agotamiento emocional que, en ocasiones, se
experimentan en estas salas.
El vacío y la tristeza experimentados por la muerte de un paciente pueden ser
críticos. El tiempo empleado en las unidades mencionadas puede sumergirlo en
un estoicismo y automatización del trabajo, no dando cabida a manifestaciones
de desacuerdo, vacío e impotencia. Para quienes trabajan en áreas de alta
mortalidad (por ejemplo, Cuidados intensivos. Unidades para enfermos de SIDA,
salas de Oncología) los decesos frecuentes se pueden convertir en el factor más
importante para que se presenten una "sobrecarga traumática".
El desarrollo de la tecnología médica ha dado una mayor complejidad al asunto.
Los efectos potenciales por la deshumanización de los pacientes y el
distanciamiento entre éstos y el personal, han sido subrayados en informes
recientes, debido a la creciente preocupación de los usuarios de estos servicios
por la pérdida del sentido psico-social en la medicina (Doherty et al, 1988).
La manifestación de los esfuerzos por mantener una sensación de dominio variará
en cada individuo, de acuerdo con la percepción de su papel, sus expectativas y
sus atributos particulares, sus estrategias de lucha. La habilidad para mantener
el sentimiento de voluntad hacia el trabajo, combatir la desesperanza, mantener
la motivación, disminuir la autocensura, establecer expectativas reales y sentir
orgullo de los éxitos alcanzados, es muy importante.
Recientemente se ha hecho alusión a la sobrecarga traumática en el personal de
la salud, como el "síndrome de agotamiento" (Burnout syndrome). Sus
características son cansancio emocional con agotamiento de los recursos
emocionales y un sentimiento de no se ha dejado nada para dar a los demás;
despersonalización con desarrollo de actitudes negativas, en algunos casos
duras, con la gente con quien se trabaja; y una desvalorización de los éxitos per-
sonales (por ejemplo, la percepción de que sus logros en el trabajo se queden
cortos con respecto a sus expectativas personales, acompañado de una
evaluación totalmente negativa dé sí mismo).
Otras manifestaciones de estrés pueden ser la sensación de agotamiento físico,
malestar persistente; dolencias psicosomáticas (constante dolor de cabeza,
insomnio y alteradores gastrointestinales); así como otros cambios emocionales
y de conducta como irritabilidad, frustración y predisposición al mal humor, rigidez
e inflexibilidad ante los asuntos de trabajo, incremento en el consumo de alcohol,
cigarrillo o drogas; (Raphael, 1981) y relaciones conyugales y familiares
conflictivas (Jagaratne et al, 1986).
Enfrentar el estrés es un proceso dinámico, por lo que, a nivel individual como
colectivo, el personal de la salud puede manifestar diferentes estilos de
adaptación a los diversos momentos en que está expuesto al estrés en los
lugares de trabajo.
La esperanza y el altruismo son cualidades importantes de tener, cuando se
empieza a sentir desesperación, soledad y ansiedad ante la impotencia. La
presencia de una patología defensiva puede llevar a disminuir los sentimientos
de compasión de aquellos que permanecen en el trabajo, resultando en el
distanciamiento y la deshumanización. El trabajador termina por pensar que
aislar sus emociones y proporcionar un cuidado frío y mecánico, es todo lo que
puede dar de sí.
Puede darse una descompensación en forma de un desorden traumático de
estrés como ocurre en la mayoría de los siguientes eventos traumáticos:
ansiedad, pesadillas, recuerdos de escenas traumáticas del pasado en
situaciones presentes de gravedad.
La figura 1 muestra un modelo de estrés, relacionado con los que trabajan con
enfermos de SIDA, ya sean profesionales o voluntarios. En la medida que se
incrementa la exposición a la muerte se incrementan las señales de
"agotamiento", algunos se retiran (renuncian o buscan un traslado), mientras que
otros pueden desarrollar mecanismos defensivos de alejamiento.
Igualmente importantes son aquellos procesos en los que las tensiones y
conflictos en la unidad se concentran en un paciente especialmente difícil, el cual
llega a convertirse en el "paciente problema" para todos. Un miembro del personal
también puede convertirse en chivo expiatorio de todos los sentimientos negativos
y ansiedades, siendo visto como incompetente y odioso. Es posible que otro
miembro del personal sea considerado como la encarnación de todo lo bueno.
Todo esto puede llevar a la convicción de que los problemas del grupo quedarían
resueltos si el "miembro malo" se marcha (De Board, 1978). Si bien tales
fenómenos a menudo manifiestan intentos de hacer frente a la impotencia,
malestar y ansiedad suscitados por este trabajo, esta clase de percepciones y
conducta son potencialmente perjudiciales para el personal y los pacientes, toda
vez que dificultan una evaluación realista de los problemas; además, son un
obstáculo para que el servicio alcance sus metas, particularmente en lo
relacionado con la calidad del cuidado que se brinda a los pacientes.
La deshumanización y devaluación del paciente o de la institución, o el
surgimiento de la desesperanza institucional y del nihilismo terapéutico pueden
ser los rasgos distintivos de algunos servicios; esto puede ocurrir particularmente
en sitios donde los pacientes reciben un cuidado institucional a largo plazo, (por
ejemplo, algunos establecimientos psiquiátricos para tratamientos prolongados).
El estilo y la práctica de algunas Instituciones, por lo tanto, pueden reflejar los
medios que se usan en el servicio para hacer frente a situaciones de angustié,
esto es, el mecanismo de defensa social (De Board, 1978).
Pueden surgir sentimientos intensos y exagerados entre grupos de profesionales
de la salud (por ejemplo, la enojosa sensación de que silos otros servicios
hicieran bien su trabajo todo mejoraría, incluyendo los pacientes); o que todas las
dificultades son consecuencia de una administración incompetente. Si bien
algunas veces estas aseveraciones pueden tener algo de cierto, por lo general,
obstaculizan la prestación del cuidado integral y coordinado que se requiere.
Factores organizativos y administrativos pueden incluir en la calidad del ambiente
de trabajo. El exceso de trabajo, distribuciones de personal irregulares y pocos
fines de semana libres pueden hacer aún más difícil enfrentarse a un trabajo
emocionalmente exigente. En grupos de enfermería, se ha encontrado que el
nivel de apoyo psicológico disponible en el sitio de trabajo y los cambios en la
estructura de trabajo y en las distribuciones de personal, influyen en los niveles
de stress (Yasko, 1983; Jenkins & Ostchega, 1986). Otros factores Institucionales
serán discutidos, junto con las medidas que puedan reducir el riesgo de Stress
relacionado con el trabajo.
PREVENCION DE LA FATIGA Ciertos factores pueden mitigar el stress de este trabajo. La investigación con
socorristas (Raphael, 1981), enfermeras de oncología (Mc-EIioy, 1982) y otros
grupos, resaltan la Importancia de los "GRUPOS DE APOYO MUTUO EN EL
TRABAJO". Tales grupos de apoyo para el personal permiten la expresión de
sentimientos relacionados con el trabajo y ayudan a dominar la impotencia
producida por estas preocupaciones, reconociendo sus temores, inquietudes y
quejas (Clark, 1980).
Estos grupos deben reunirse en un sitio diferente al área de trabajo (por ejemplo,
en un área como la unidad de cuidados intensivos o una cafetería adyacente a
la unidad). La interpretación compartida y la expresión de experiencias trauma
ticas en forma de reuniones regulares ayudan a evitar el distanciamiento y la
descompensación (Raphael, 1981). En relación con el SIDA, Gerbert y su grupo
apoyan la participación en estas sesiones para el personal con el objeto de
discutir sus inquietudes y temores relacionados a una posible infección.
LA CALIDAD DEL ENTRENAMIENTO es un factor de suma importancia. Hay una
mayor probabilidad de que el personal experimente tensiones psicológicas cuan-
do no se siente bien entrenado para desempeñar sus funciones. Esto se ha
demostrado con estudios en enfermeras de secciones de oncología (McElroy,
1982) y, más recientemente, en el trabajo preliminar con voluntarios que cuidan
pacientes con SIDA (Investigaciones actuales de Kelly).
El entrenamiento efectuado antes y durante el período de atención es importante
no sólo para asegurar que el personal esté debidamente preparado para realizar
su labor, sino también para garantizar una educación permanente en el área, el
mantenimiento de la calidad de la atención y de la moral del personal.
LA SUPERVISION Y EL EXAMEN REGULAR DE CASOS, son elementos
importantes en la EDUCACION CONTINUADA Puede facilitar la discusión de los
aspectos psicológicos de la atención a pacientes a través de problemas
relacionados con casos, así como la exposición de dificultades específicas
experimentadas por los trabajadores de la salud. Dicha supervisión es importante
para asegurar que algunos de los problemas en las relaciones paciente
profesional, como los ya descritos, sean detectados y resueltos.
LA CONSULTA con otros servicios, como el de salud mental, es un valioso
elemento para el entrenamiento y supervisión del personal; además, es útil para
el desarrollo de mecanismos de apoyo adicionales.
La claridad de las PAUTAS EN LAS FUNCIONES DE TRABAJO y en los niveles
de responsabilidad, puede contribuir a evitar la ambigüedad de tales funciones
y la eventual sobrecarga de trabajo, particularmente de aquellos voluntarios que
tengan horarios de trabajo no muy bien definidos.
Es evidente la importancia de las CONDICIONES DE TRABAJO. Es necesario,
que siempre haya un adecuado número de profesionales para reducir el exceso
de trabajo. Tal como se dijo anteriormente, la distribución del personal es un
factor importante en el tratamiento del stress, particularmente en el caso de
trabajadores con turnos tales como las enfermeras. Un estilo administrativo,
representado por el "dictador benevolente.", ha sido descrito por algunos autores
como el más apropiado para lograr un funcionamiento Coherente en ciertas
secciones especializadas tales como las unidades de cuidados intensivos.
(Hackett and Cassem, 1978). Claras líneas de responsabilidad, una
administración bien organizada y un liderazgo fuerte son factores importantes que
permiten al personal de todos los niveles discutir problemas, inquietudes, etc. con
los líderes del equipo o unidad; cuando el personal sienta que es capaz de
intervenir en la toma de decisiones importantes, es posible que la moral de todos
se vea influida por este hecho.
También es importante que el traslado desde cierta unidad o la renuncia a una
organización se lleve a cabe sin estigmas o prejuicios. A veces las dificultades
emocionales experimentadas por los profesionales de la salud pueden requerir
asesoría y tratamiento de un psiquiatra u otro profesional de salud mental. Es
importante que este servicio sea de fácil acceso para los profesionales y que se
preste en forma confidencial. En esta discusión se han presentado una serie de
áreas relacionadas con situaciones de atención a pacientes, en un intento por
minimizar o al menos de examinar el estrés en los profesionales de la salud.
La importancia del factor estrés se ve claramente cuando se examinan las
funciones que estos profesionales tienen que asumir con frecuencia, así como la
naturaleza de los problemas y desórdenes con los cuales deben trabajar; además
del intenso vínculo que a veces se desarrolla entre paciente y profesional y las
presiones emocionales relacionadas con la atención de personas en tiempos de
crisis, dolor o enfermedad.
Estas consideraciones son de la mayor importancia toda vez que el estrés
relacionado con el trabajo puede influir poderosamente en la calidad de la
atención brindada y en el propio bienestar emocional de los profesionales. Los
aspectos humanos de la atención a pacientes deben ser considerados por los
encargados de la planificación de los servicios de salud, ya sean profesionales
o voluntarios, y en la EVALUACION Y DESARROLLO DEL SERVICIO.
Indice general
Aspectos estresantes de la atención médica
Naturaleza de la enfermedad
Labores relacionadas con la atención médica
Naturaleza de la relación con el paciente
Adaptación del personal
Factores institucionales
Referencias bibliográficas
Aspectos estresantes de la atención médica.
En la mayoría de los modelos de atención médica, se da más importancia a la
prevención y curación de enfermedades, que al alivio de la pena y el sufrimiento
que las acompañan. Los problemas mayores de salud más comunes son las
enfermedades crónicas, como las enfermedades cardio-isquémicas, y
vasculoarterioescleróticas, el cáncer, la depresión, el mal de Alzheimer y la
esquizofrenia. EL SIDA representa el reto más crítico y reciente para el modelo
curativo de los servicios de salud y enfrenta a la comunidad no sólo con el
tratamiento de una nueva epidemia, sino también a desafíos éticos y morales en
el suministro de los cuidados (Walters, 1988; Dickens, 1988).
Naturaleza de la enfermedad
Los puntos críticos del trabajo con personas en desgracia son las experiencias
vividas ante el trauma, la muerte, el desfiguramiento, la vida en peligro y, en
algunos casos, el conflicto moral que suscita su cuidado. A esto se añade la
naturaleza recalcitrante de muchas enfermedades crónicas.
Labores relacionadas con la atención médica
Obviamente, los roles y actividades desarrolladas por el personal de la salud
varían de acuerdo a su tipo de trabajo. Sin embargo, mientras que esto se aplica
por igual a trabajadores profesionales y voluntarios, no sucede lo mismo con los
límites profesionales tradicionales, lo cual genera una mayor diversidad de
necesidades y roles que debe asumir cada individuo.
Naturaleza de la relación con el paciente
Durante la atención médica, se desarrollan relaciones estrechas entre el personal
de salud y los paciente. Sin embargo, los procedimientos establecido parecen
restarle énfasis, tal vez como una forma de paliar las experiencias potencialmente
perturbadoras para la vida de los pacientes. En las áreas de alto estrés, como
unidades de quemados, salas de oncología o, más recientemente, de enfermos
con SIDA, los trabajadores deben concentrarse en tareas prácticas, que le
permiten integrarse de forma saludable a lo que de otra manera sería una
experiencia intolerable (Raphael, 1981).
Adaptación del personal
El enfrentarse con tales estresores, en la atención médica, involucra procesos
cognoscitivos, emocionales y de comportamiento. La adaptación a ellos depende
de los recursos personales del individuo (como su estilo usual de enfrentar las
situaciones o las defensas emocionales que posea), y de los recursos que le
proporcione el ambiente laboral, amistoso y familiar. El mantenimiento de la
autoestima y la sensación de dominio se pueden considerar como las metas hacia
las cuales se deben encauzar los esfuerzos para enfrentar los estresores.
Factores institucionales
El agotamiento puede afectar a las unidades o a sus integrantes. En determinada
unidad o servicio (por ejemplo, la sala de un hospital o una clínica), pueden surgir
conflictos entre el personal o entre la unidad y otros servicios.
Referencias bibliográficas
Derechos de autor -