Control de la transmisión de la tuberculosis en el personal sanitario

V. Moreno Celda
Centro Nacional de Investigación Clínica y Medicina Preventiva Madrid.

Indice general

    Factores epidemiológicos
    Transmisión de la tuberculosis
    Control de la transmisión de tuberculosis
    Conclusiones
    Bibliografía

El riesgo de transmisión de la tuberculosis al personal sanitario ha sido bien documentado en varios trabajos. Sin embargo, su control se a desestimado debido a la existencia de una terapéutica eficaz y al descenso en su incidencia con la aparición de los fármacos antituberculosos. El reciente resurgir de la tuberculosis y la evidencia de su transmisión nosocomial ha llevado, en la actualidad, a una valoración del riesgo para el trabajador sanitario obligando a establecer un programa de control y seguimiento.


Factores epidemiológicos

En 1985, y en contra de las previsiones establecidas, comienza a observarse en EE.UU. un claro aumento en los casos de tuberculosis. Este aumento ha sido relacionado con la mayor inmigración desde países con alta prevalencia, aumento de la mendicidad, adicción a drogas por vía parenteral y, de forma relevante, con la aparición de la infección por VIH.

La infección por VIH representa en la actualidad el mayor factor de riesgo para que la infección tuberculosa progrese a enfermedad activa. Se acompaña de un mayor porcentaje de casos de alergia cutánea.

España presenta la tasa más alta de SIDA de Europa y al mismo tiempo la mayor prevalencia de infección tuberculosa en adultos jóvenes. Esto aumenta la probabilidad de coinfección tuberculosa en adultos jóvenes. Esto aumenta la probabilidad de coinfección de tal forma que el 50% de los casos con SIDA y el 9% de los portadores VIH asintomáticos desarrollan tuberculosis, es el primer criterio diagnóstico de SIDA en un 66% de los casos.

Un problema añadido surge a partir de 1990 cuando empiezan a describirse en EE.UU. varios brotes de tuberculosis multirresistente (TBMR). Se entiende por ello la existencia de resistencia al menos a isoniacida y rifampicina.

La TBMR clásicamente se ha relacionado con la realización de tratamiento incorrecto, provocado generalmente por falta de adherencia del paciente (resistencia secundaria).

El riesgo de transmisión de la TBMR, aunque reconocido, se estimaba pequeño por la evidencia, documentada por varios trabajos microbiológicos y epidemiológicos, del menor poder patógeno de las cepas multirresistentes. Sin embargo, en estos brotes se han detectado más de 200 casos de TBMR entre pacientes (el 80% con infección VIH). Asi mismo, se objetivo infección tuberculosa reciente, mediante conversión de la prueba cutánea tuberculínica en más de 100 trabajadores sanitarios.

La existencia de transmisión nosocomial se ha podido documentar mediante análisis de polimorfismo de la longitud de los fragmentos cortados con enzimas de restricción.

En 1992 se reconoce por primera vez en España un brote de TBMR dentro de una sala de pacientes con infección VIH, en el Instituto de Salud Carlos III de Madrid. Fue similar a los descritos en EE.UU. y caracterizado al igual que los anteriores por la mala respuesta a los tratamientos empleados con alta mortalidad en un corto período de tiempo (de 4 - 16 semanas desde el diagnóstico).

La TBMR representa un riesgo mayor para la transmisión nosocomial debido al retraso en el diagnóstico y a la mala respuesta al tratamiento. El paciente con TBMR, por tanto, presenta un período inefectivo mucho mayor que el paciente con tuberculosis sensible.

Entre los factores que han podido contribuir a la aparición de estos brotes hay que señalar:

  1. Retraso en el diagnóstico de TBMR.
  2. Retraso en la iniciación de tratamiento eficaz
  3. ausencia de las adecuadas medidas de aislamiento e inadecuada duración del mismo.
  4. Ventilación inadecuada de las habitaciones y salas de hospitalización.
  5. Presencia de pacientes con TBMR en el área de pacientes VIH, los cuales presentan mayor susceptibilidad para infectarse y desarrollar enfermedad activa.


Transmisión de la tuberculosis. infección tuberculosa

La transmisión de la tuberculosis tiene lugar desde el enfermo bacilífero, con baciloscopia o cultivo de esputos positivos, al sujeto susceptible a través de las gotitas frescas de saliva que se eliminan al aire, al toser, estornudar o hablar.

Los núcleos goticulares de tamaño menor a 10 micas son los que resultan infectivos, ya que los de mayor tamaño se eliminan por el sistema mucociliar de defensa del epitelio respiratorio.

Después de un contacto estrecho con un paciente bacilífero, el riesgo de infección dependerá:

  1. De la cantidad de bacilos eliminados por el paciente, relacionada con la forma de presentación de la tuberculosis y con el tiempo transcurrido hasta el diagnóstico.
  2. De la duración del período infectivo del paciente, determinado por la iniciación de tratamiento.
  3. De la concentración de bacilos en el aire ambiente, favorecida por una ventilación inadecuada.
  4. De las características inmunológicas del sujeto susceptible. El riesgo de infección es mayor en los individuos que presenten diabetes, gastrectomía, silicosis, alcoholismo, adicción a drogas por vía intravenosa, inmunodeficiencia por enfermedad maligna o fármacos, y principalmente infección por VIH.
Las personas infectadas pueden ser detectadas mediante la prueba cutánea tuberculínica, el único método aceptado para el diagnóstico de infección tuberculosa.

La prueba se realiza mediante inyección intradérmica de 0.1 ml. de derivado purificado del antígeno proteico tuberculínico (PPD), que contenga dos unidades internacionales de PPD RT-23 estabilizado con Tween 80, que debe producir una pápula detectable. La lectura se realiza a las 72 horas (puede aceptarse entre las 48 y 96 horas) mediante detección por palpación de la presencia o ausencia de induración. se considera positiva una induración igual o mayor de 5 mm para no vacunados y mayor o igual a 14 mm para personas vacunadas previamente.

La prueba carece de valor en los pacientes con energía cutánea, lo cual representa un problema especialmente importante en el control de la tuberculosis en pacientes portadores de infección VIH. Se recomienda realizar la prueba cutánea tuberculínica al inicio de la infección por VIH.

La detección precoz de personas con infección tuberculosa permite la aplicación de tratamiento preventivo y, por tanto, evita el desarrollo de tuberculosis activa.

El riesgo de desarrollar enfermedad tuberculosa activa tras un contacto reciente se ha estimado en el 5% - 10% en los dos primeros años, estando aumentado de forma importante en los casos de coinfección con el VIH.


Control de la transmisión de tuberculosis

Varios trabajos han puesto recientemente de manifiesto la necesidad de eficacia de la medidas de control recomendadas por los CDC para evitar, en lo posible, el riesgo de transmisión nosocomial de la tuberculosis.

El control deberá realizarse sobre los distintos eslabones de la cadena epidemiológica e incluir, por tanto: a) control sobre el paciente hospitalizado; b) control medio ambiental; y c) control y seguimiento de la transmisión al personal sanitario.

Medidas de control sobre el paciente hospitalizado

Están dirigidas a prevenir la generación de núcleos goticulares infecciosos y evitar su diseminación en la circulación general del aire. representan las medidas más importantes y, por tanto, prioritarias. Incluyen:

  1. Diagnóstico precoz con disponibilidad de estudio de resistencia. En caso de sospecha de TBMR se debería incluir estudio de resistencias. En caso de sospecha de TBMR se debería incluir estudio de resistencias a fármacos de segunda línea [etionamida, cicloserina, amikacina o capreomicida, ofloxacina y ácido paraaminosalicílico (PAS)].

  2. Rápida iniciación de tratamiento eficaz, considerando tratamiento eficaz la administración de al menos dos fármacos con sensibilidad conocida.

  3. Aislamiento estricto del paciente tuberculoso o con alta sospecha. La indicación de aislamiento se hará en las siguientes circunstancias: a) paciente con baciloscopia o cultivo de esputo positivo; b) paciente sin baciloscopia o baciloscopia negativa pero que presente alguna de las siguientes características: clínica respiratoria sugerente de tuberculosis y PPD positivo o antecedente epidemiológico de exposición reciente a pacientes tuberculosos; patrón radiológico pulmonar sugestivo de tuberculosis (miliar, caverna o patrón destructivo) no justificado por otra etiología; clínica respiratoria y antecedente de tuberculosis mal tratada; antecedente de TBMR.
El aislamiento deberá realizarse en habitación individual, en un área hospitalaria alejada de pacientes VIH o con inmunodepresión conocida.

Los pacientes no deberán salir de la habitación si no es estrictamente necesario, debiendo llevar en tales circunstancias mascarilla quirúrgica.

Se podrá suspender el aislamiento al paciente hospitalizado con tuberculosis confirmada, tras objetivar mejoría clínica o radiológica y obtener dos baciloscopias consecutivas negativas o tratamiento eficaz durante al menos dos semanas (si no existe sospecha de TBMR).

Medidas de control ambiental

Tienen como objetivo disminuir la concentración de bacilos en el aire ambiente y evitar en lo posible la propagación desde zonas contaminadas a otras áreas hospitalarias.

  1. Presión negativa en las habitaciones de aislamiento y laboratorios de procesamiento de muestras. Controla la dirección del flujo del aire manteniendo el aire contaminado en áreas localizadas. Para resultar eficaz requiere control diario, mediante tubos de humo y que la habitación permanezca con la puerta cerrada.

  2. Sistema de ventilación que permita disminuir la concentración de bacilos en el aire contaminado. para ser eficaz deberá realizar un recambio de 6 volúmenes por hora. De especial importancia resulta la ventilación en habitaciones o cabinas donde se realizan procedimientos médicos que generan aerosoles con gran cantidad de núcleos goticulares infecciosos, como la administración de aerosolterapia o la inducción de espunto.

  3. Instalación de filtros HEPA (de alta eficacia) en los sistemas de ventilación. Dado que su eficacia no ha sido del todo probada y que se requiere mantenimiento estricto, se pueden utilizar como medida complementaria al sistema de ventilación.

  4. Luz ultravioleta. Representa, al igual que los filtros HEPA, una medida complementaria a la ventilación para los lugares donde el riesgo de transmisión es alto. Hay que tener en cuenta que disminuye su eficacia en áreas con una humedad relativa mayor al 70% y que la sobreexposición a corto plazo puede provocar queratoconjuntivitis y eritema cutáneo).
Control y seguimiento de los trabajadores sanitarios

Se necesita un adecuado programa de seguimiento y prevención de la tuberculosis en el personal sanitario para proteger tanto al trabajador como al enfermo. Deberá INCLUIR:

  1. Conocimiento del estado inmunológico del personal sanitario. Sería deseable detectar portadores de VIH por su mayor riesgo para desarrollar tuberculosis.

  2. Realización de pruebas cutáneas tuberculínica (PPD) que permitan el diagnóstico de infección tuberculosa y tratamiento preventivo en los casos necesarios.

    Se recomienda su realización al comienzo de la actividad laboral. Si resulta negativo, deberá realizarse una segunda prueba, 1-3 semanas después, para descartar el efecto booster (amnesia inmunológica de infección o vacunación tiempo lógica de infección o vacunación tiempo atrás) que podría confundirse con conversión por infección reciente.

    Deberán realizarse controles posteriores en aquellos trabajadores con PPD negativo cada 6 ó 12 meses según el riesgo estimado por el puesto de trabajo. Se consideran áreas de alto riesgo: las salas de hospitalización de pacientes VIH, medicina interna, neumología, broncoscopia, laboratorio de microbacterias, salas de aerosolterapia e inducción de esputo y sala de autopsias.

    Si el PPD resulta positivo deberá continuarse estudio para detectar enfermedad activa e iniciar tratamiento precoz si fuera necesario. Una vez descartada, deberá realizarse profilaxis con isoniacida (300 mg/d) durante seis meses en las personas sanas y durante doce meses en los portadores de VIH.

    Aunque el riesgo de hapatitis tóxica aumenta por encima de los 35 años de edad, el tratamiento quimioprofiláctico no está contraindicado a ninguna edad, si existen factores de riesgo para desarrollar enfermedad.

    En el caso de que la cepa del contacto fuera TBMR, la profilaxis deberá ser individualizada e incluir dos fármacos con sensibilidad conocida.

  3. Protección respiratoria mediante mascarillas. Se recomienda su utilización por el personal sanitario durante el cuidado de los pacientes o en la manipulación de muestras biológicas. Deberán tener capacidad para filtrar partículas de 1 micra de tamaño, permitiendo una eficacia de más del 95%. La necesidad de filtros HEPA en las mascarillas no ha sido aclarado.

  4. Vacunación con bacilo de Calmette.Guerín (BCG). Aunque la vacunación con BCG no está justificada de forma sistemática en España, puede ser ofertada al personal sanitario en contacto frecuente con enfermos tuberculosos o con sus muestras biológicas.
El receptor de la vacuna no deberá tener infección tuberculosa, infección por VIH o cualquier otra causa de inmunodepresión.


Conclusiones

En los últimos años, con la aparición del VIH, el número de casos de tuberculosis se ha incrementado y se han detectado brotes de transmisión nosocomial de TBMR. Todo ello hace que el riesgo de transmisión entre el personal sanitario haya adquirido especial importancia.

Un programa eficaz para la prevención de la transmisión de la tuberculosis al personal sanitario deberá incluir.

  1. Detección precoz y tratamiento adecuado de las personas con infección y enfermedad activa.

  2. Aislamiento estricto de los pacientes para prevenir la diseminación de los núcleos goticulares infecciosos al sistema de circulación general del aire.

  3. Vigilancia epidermiológica del personal sanitario.
La experiencia ha demostrado que cuando alguna de estas medidas no son observadas, la probabilidad de transmisión de la tuberculosis se incrementa.


Bibliografía

  1. Centers for Disease Control. Guidelines for preventing the Transmission of Tuberculosis in Health - Care Settings, with Special Focus on HIV - Related issues. MMWR 1990; 39 ) nø RR-17).

  2. Sepkowitz K. Tuberculosis and the Health Care Worker: A historical perspective. Ann Intern Med 1994; 120:71-79.

  3. Centers for Disease Control and Prevention Guidelines for preventing the transmission of Mycobacterium tuberculosis in health care facilities, 1994; 43 (nø RR-13).

  4. Menzies D, Fanning A, Yuan L, Fitzgerald M. Tuberculosis among health care workers. N Engl J Med 1995;12-98.

  5. Nolan CH. Tuberculosis in Health care professionals: Assesing and accepting the risk. Ann inter Med 1994; 120 (11): 964-965.

  6. Perlman D, Salomon N, Perkins MP, Yancovitz S, Paone D, Des Jarlais D. Tuberculosis in drug users. Clin Infect Dis 1995; 21: 1.253-1.264.

  7. Snider D, Roper W. The New tuberculosis. N Engl J Med 1992; 326 (10): 703-705.

  8. Hopewell P. Impact of human inmunodeficiency virus infection on the epidemiology, clinical features, management and control of tuberculosis. Clin Infect Dis 1992; 15.540 -15.547.

INDICE
Derechos de autor -

Actualizado el 19/08/99. Comentarios al Webmaster