El riesgo de transmisión de la tuberculosis al personal sanitario ha sido bien
documentado en varios trabajos. Sin embargo, su control se a desestimado
debido a la existencia de una terapéutica eficaz y al descenso en su incidencia
con la aparición de los fármacos antituberculosos. El reciente resurgir de la
tuberculosis y la evidencia de su transmisión nosocomial ha llevado, en la
actualidad, a una valoración del riesgo para el trabajador sanitario obligando a
establecer un programa de control y seguimiento.
La infección por VIH representa en la actualidad el mayor factor de riesgo para
que la infección tuberculosa progrese a enfermedad activa. Se acompaña de un
mayor porcentaje de casos de alergia cutánea.
España presenta la tasa más alta de SIDA de Europa y al mismo tiempo la
mayor prevalencia de infección tuberculosa en adultos jóvenes. Esto aumenta
la probabilidad de coinfección tuberculosa en adultos jóvenes. Esto aumenta la
probabilidad de coinfección de tal forma que el 50% de los casos con SIDA y
el 9% de los portadores VIH asintomáticos desarrollan tuberculosis, es el primer
criterio diagnóstico de SIDA en un 66% de los casos.
Un problema añadido surge a partir de 1990 cuando empiezan a describirse en
EE.UU. varios brotes de tuberculosis multirresistente (TBMR). Se entiende por
ello la existencia de resistencia al menos a isoniacida y rifampicina.
La TBMR clásicamente se ha relacionado con la realización de tratamiento
incorrecto, provocado generalmente por falta de adherencia del paciente
(resistencia secundaria).
El riesgo de transmisión de la TBMR, aunque reconocido, se estimaba pequeño
por la evidencia, documentada por varios trabajos microbiológicos y
epidemiológicos, del menor poder patógeno de las cepas multirresistentes. Sin
embargo, en estos brotes se han detectado más de 200 casos de TBMR entre
pacientes (el 80% con infección VIH). Asi mismo, se objetivo infección
tuberculosa reciente, mediante conversión de la prueba cutánea tuberculínica
en más de 100 trabajadores sanitarios.
La existencia de transmisión nosocomial se ha podido documentar mediante
análisis de polimorfismo de la longitud de los fragmentos cortados con enzimas
de restricción.
En 1992 se reconoce por primera vez en España un brote de TBMR dentro de
una sala de pacientes con infección VIH, en el Instituto de Salud Carlos III de
Madrid. Fue similar a los descritos en EE.UU. y caracterizado al igual que los
anteriores por la mala respuesta a los tratamientos empleados con alta
mortalidad en un corto período de tiempo (de 4 - 16 semanas desde el
diagnóstico).
La TBMR representa un riesgo mayor para la transmisión nosocomial debido al
retraso en el diagnóstico y a la mala respuesta al tratamiento. El paciente con
TBMR, por tanto, presenta un período inefectivo mucho mayor que el paciente
con tuberculosis sensible.
Entre los factores que han podido contribuir a la aparición de estos brotes hay
que señalar:
Los núcleos goticulares de tamaño menor a 10 micas son los que resultan
infectivos, ya que los de mayor tamaño se eliminan por el sistema mucociliar de
defensa del epitelio respiratorio.
Después de un contacto estrecho con un paciente bacilífero, el riesgo de
infección dependerá:
La prueba se realiza mediante inyección intradérmica de 0.1 ml. de derivado
purificado del antígeno proteico tuberculínico (PPD), que contenga dos
unidades internacionales de PPD RT-23 estabilizado con Tween 80, que debe
producir una pápula detectable. La lectura se realiza a las 72 horas (puede
aceptarse entre las 48 y 96 horas) mediante detección por palpación de la
presencia o ausencia de induración. se considera positiva una induración igual
o mayor de 5 mm para no vacunados y mayor o igual a 14 mm para personas
vacunadas previamente.
La prueba carece de valor en los pacientes con energía cutánea, lo cual
representa un problema especialmente importante en el control de la
tuberculosis en pacientes portadores de infección VIH. Se recomienda realizar
la prueba cutánea tuberculínica al inicio de la infección por VIH.
La detección precoz de personas con infección tuberculosa permite la
aplicación de tratamiento preventivo y, por tanto, evita el desarrollo de
tuberculosis activa.
El riesgo de desarrollar enfermedad tuberculosa activa tras un contacto reciente
se ha estimado en el 5% - 10% en los dos primeros años, estando aumentado
de forma importante en los casos de coinfección con el VIH.
El control deberá realizarse sobre los distintos eslabones de la cadena
epidemiológica e incluir, por tanto: a) control sobre el paciente hospitalizado; b)
control medio ambiental; y c) control y seguimiento de la transmisión al personal
sanitario.
Medidas de control sobre el paciente hospitalizado
Están dirigidas a prevenir la generación de núcleos goticulares infecciosos y
evitar su diseminación en la circulación general del aire. representan las
medidas más importantes y, por tanto, prioritarias. Incluyen:
Los pacientes no deberán salir de la habitación si no es estrictamente
necesario, debiendo llevar en tales circunstancias mascarilla quirúrgica.
Se podrá suspender el aislamiento al paciente hospitalizado con tuberculosis
confirmada, tras objetivar mejoría clínica o radiológica y obtener dos
baciloscopias consecutivas negativas o tratamiento eficaz durante al menos dos
semanas (si no existe sospecha de TBMR).
Medidas de control ambiental
Tienen como objetivo disminuir la concentración de bacilos en el aire ambiente
y evitar en lo posible la propagación desde zonas contaminadas a otras áreas
hospitalarias.
Se necesita un adecuado programa de seguimiento y prevención de la
tuberculosis en el personal sanitario para proteger tanto al trabajador como al
enfermo. Deberá INCLUIR:
Se recomienda su realización al comienzo de la actividad laboral. Si resulta
negativo, deberá realizarse una segunda prueba, 1-3 semanas después, para
descartar el efecto booster (amnesia inmunológica de infección o vacunación
tiempo lógica de infección o vacunación tiempo atrás) que podría confundirse
con conversión por infección reciente.
Deberán realizarse controles posteriores en aquellos trabajadores con PPD
negativo cada 6 ó 12 meses según el riesgo estimado por el puesto de trabajo.
Se consideran áreas de alto riesgo: las salas de hospitalización de pacientes
VIH, medicina interna, neumología, broncoscopia, laboratorio de microbacterias,
salas de aerosolterapia e inducción de esputo y sala de autopsias.
Si el PPD resulta positivo deberá continuarse estudio para detectar enfermedad
activa e iniciar tratamiento precoz si fuera necesario. Una vez descartada,
deberá realizarse profilaxis con isoniacida (300 mg/d) durante seis meses en las
personas sanas y durante doce meses en los portadores de VIH.
Aunque el riesgo de hapatitis tóxica aumenta por encima de los 35 años de
edad, el tratamiento quimioprofiláctico no está contraindicado a ninguna edad,
si existen factores de riesgo para desarrollar enfermedad.
En el caso de que la cepa del contacto fuera TBMR, la profilaxis deberá ser
individualizada e incluir dos fármacos con sensibilidad conocida.
Un programa eficaz para la prevención de la transmisión de la tuberculosis al
personal sanitario deberá incluir.
Indice general
Factores epidemiológicos
Transmisión de la tuberculosis
Control de la transmisión de tuberculosis
Conclusiones
Bibliografía
Factores epidemiológicos
En 1985, y en contra de las previsiones establecidas, comienza a observarse
en EE.UU. un claro aumento en los casos de tuberculosis. Este aumento ha
sido relacionado con la mayor inmigración desde países con alta prevalencia,
aumento de la mendicidad, adicción a drogas por vía parenteral y, de forma
relevante, con la aparición de la infección por VIH.
Transmisión de la tuberculosis. infección tuberculosa
La transmisión de la tuberculosis tiene lugar desde el enfermo bacilífero, con
baciloscopia o cultivo de esputos positivos, al sujeto susceptible a través de las
gotitas frescas de saliva que se eliminan al aire, al toser, estornudar o hablar.
Las personas infectadas pueden ser detectadas mediante la prueba cutánea
tuberculínica, el único método aceptado para el diagnóstico de infección
tuberculosa.
Control de la transmisión de tuberculosis
Varios trabajos han puesto recientemente de manifiesto la necesidad de eficacia
de la medidas de control recomendadas por los CDC para evitar, en lo posible,
el riesgo de transmisión nosocomial de la tuberculosis.
El aislamiento deberá realizarse en habitación individual, en un área
hospitalaria alejada de pacientes VIH o con inmunodepresión conocida.
Control y seguimiento de los trabajadores sanitarios
El receptor de la vacuna no deberá tener infección tuberculosa, infección por
VIH o cualquier otra causa de inmunodepresión.
Conclusiones
En los últimos años, con la aparición del VIH, el número de casos de
tuberculosis se ha incrementado y se han detectado brotes de transmisión
nosocomial de TBMR. Todo ello hace que el riesgo de transmisión entre el
personal sanitario haya adquirido especial importancia.
La experiencia ha demostrado que cuando alguna de estas medidas no son
observadas, la probabilidad de transmisión de la tuberculosis se incrementa.
Bibliografía
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